Los rostros inquietantes de Johan Galué

 

 

Por Susana Benko.

Realidad y surrealidad son conceptos frecuentes que encontramos a lo largo de la historia del arte. Adquieren especial atención cuando nos detenemos a apreciar varias manifestaciones del arte zuliano. Ello se debe a que se ha consolidado una interesante tradición pictórica orientada hacia el realismo mágico y el surrealismo, de los cuales varios artistas, entre maestros y artistas de nuevas generaciones, se han destacado en esta línea de trabajo específicamente en esta región.

Entre ellos está Johan Galué, uno de los artistas figurativos más prominentes, tanto del estado Zulia como del arte actual venezolano. Johan se ha formado bajo la herencia de esta tradición y, en consecuencia, ha desarrollado su obra en este contexto cultural. Solo que, a fuerza de pasión y perseverancia, ha ido renovando su obra continuamente hasta lograr su lenguaje distintivo tan particular. Hoy por hoy es uno de los principales representantes de una potente figuración que se está desarrollando no solo en Venezuela, sino en el exterior.

A raíz de una importante exposición que el artista realizó en 2020 en el Museo de Arte Contemporáneo del Zulia, escribí en el catálogo lo siguiente: «Si bien es cierto que el elemento surreal es un distintivo de su obra, también hay que decir que es una apreciación parcial de ella. Johan sorprende primero por su prolífica producción y luego, por la vehemencia e intensidad de sus imágenes que nos hacen cuestionar, una vez más, qué es lo que en el fondo podemos considerar como real. ¿Hasta qué punto la surrealidad es resultado de lo onírico y de la imaginación pura? ¿Acaso los sueños no son una realidad? ¿No será que estamos ante una realidad exacerbada que deriva de aquella que consideramos “verdadera” u “objetiva”? ¿Acaso la visión de un rostro no delata crudamente sentimientos contenidos que expresan una tensa realidad interior? ¿No son los sueños y las emociones “la verdadera realidad”? Nos podemos hacer estas y otras interrogantes ante las obras de Johan Galué.»

Tomando en cuenta estas consideraciones, en aquel entonces se organizó su obra en tres importantes series: Mundos mágicos, Mutantes y Seres internos. Comentaremos la última. En Seres internos, el peso de lo “real” nos señala que el mundo de las emociones puede ser crudamente humano. Por eso, hay fuerte insistencia en la mirada. Estos rostros nos miran e increpan directamente. Gritan a pesar de que las bocas desaparecen de nuestra vista sea por un difuminado o por unos trazos de pintura que las tapan. Para decirlo más claramente: se trata de un silencio forzado que «grita» a través de ojos aterrorizados o expuestos a una angustia extrema. Johan Galué retrata la condición humana desde la frágil e intensa interioridad de sus personajes. Es la representación de una agonía. Es la mirada del otro que se nos devuelve. Es la realidad frontal, que nos mira sin metáforas. Es, en definitiva, emocionalidad pura.