Las cabezas metafóricas de Giuseppe Arcimboldo

 

 

Por Susana Benko.

La vocación artística de Giuseppe Arcimboldo quedó sembrada desde su temprana edad. Nacido en Milán en 1527, asistió de muy joven al taller de su padre, quien fuera artesano y vidriero. Con él realizó vitrales, mosaicos y frescos para ornamentar iglesias de la Lombardía. Luego perteneció al gremio de pintores de Milán.

Fue también dibujante y diseñador de escenografías. En 1562 viajó a Viena, iniciando así una exitosa carrera como pintor de cámara de los Habsburgo, primero del emperador Fernando I, seguidamente de su hijo Maximiliano II y luego de Rodolfo II, quien reinó en Praga. Si bien Arcimboldo fue un artista apreciado por su pintura religiosa, sus retratos de personalidades y decoraciones carnavalescas, fue con sus cabezas híbridas o metafóricas que logró notoriedad.

Estas cabezas humanas están representadas mediante una laboriosa combinación de frutas, flores, verduras, raíces y ramas de árboles. Son «antirretratos» de personajes, complejas composiciones de variados elementos naturales, pintados con sumo detalle y dominio pleno del oficio. Arcimboldo pudo tener varios objetivos al pintar este tipo de obras: el más evidente, crear imágenes cuya sintaxis ambigua implicara un inteligente ejercicio de percepción visual para el espectador. Integró arte y ciencia con estupendo humor. Esta simbiosis, según algunos estudiosos de su obra, hace de él un artista perfectamente acorde al espíritu de su época, pues, aun en el Renacimiento tardío, la naturaleza, y todos sus componentes, era tema obsesivo de estudio. Rodolfo II no escapaba de ello. Su gabinete de curiosidades, organizado con criterio enciclopédico, era una de sus grandes pasiones, resultado de la curiosidad humanista que predominó durante el siglo XVI europeo, dados los adelantos científicos y tecnológicos de entonces. Este particular clima intelectual absorbió a Arcimboldo y de allí la concepción de su iconografía ambigua, cuya ironía, por otra parte, pudo ser consecuencia no solo de su temperamento, sino también de su experiencia como decorador y diseñador de disfraces para los entretenimientos festivos de la Corte.

Cada cabeza metafórica, serie iniciada durante su estancia en la Corte de Maximiliano II, conforma una unidad armónica a partir de múltiples elementos florales y frutales heterogéneos. Son alegorías vegetales que expresan abundancia y prosperidad, y, en opinión de algunos, enmascaran un importante trasfondo político: transmitir el poder de los Habsburgo.

Arcimboldo representó en varias series a las cuatro estaciones. Según el color predominante de las especies botánicas representadas, identificó a la primavera, al verano, al otoño y al invierno. El retrato de Rodolfo II, titulado Vertumno, término que significa los cambios de la vegetación según las estaciones, refiere a la importancia del personaje como emperador del Sacro Imperio Romano Germánico. En otras palabras, se trata del retrato «del dios romano de las estaciones».

Arcimboldo fue, sin embargo, desestimado en la historiografía del arte entre los siglos XVII y finales del XIX. Su importancia y legado fueron reconocidos posteriormente cuando Dalí y Magritte vieron en sus composiciones la creación de mundos surreales. Desde entonces es considerado un importante precursor de una psicología de la imagen.