Juvenal Ravelo y su «Escultura espacial luminocromática»

Juvenal Ravelo nació en Caripito, estado Monagas, en 1934. Luego de sus estudios de arte en Caracas y Barquisimeto, y de trabajar como docente en la Escuela de Artes Plásticas Cristóbal Rojas, se trasladó a París en 1964.
Desde su llegada a la capital francesa, se interesó por el lenguaje abstracto- cinético en auge. Conoció y frecuentó los talleres de Víctor Vasarely, Julio Le Parc, Jaacov Agam y, por supuesto, de Jesús Soto y Carlos Cruz-Diez. Por aquellos años, estudiaba Sociología del Arte en la Universidad de La Sorbona bajo la guía de profesores insignes como Pierre Francastel y Jean Cassou. Esta elección académica ya anticipaba su interés por la participación comunitaria, que más tarde materializaría en sus murales públicos: un proyecto interactivo iniciado en 1969 y que continúa desarrollando hasta la actualidad.
Desde los años sesenta, Juvenal orientó su trabajo a analizar los efectos de la fragmentación de la luz y su incidencia en el color. A través de elementos reflectantes como espejos y metales pulidos, convierte sus obras estáticas en experiencias dinámicas, plenamente integradas en el arte cinético.
En 2003 realizó una escultura monumental para materializar estos principios: la Escultura espacial luminocromática, ubicada en la redoma de Las Cocuizas (Avenida José Tadeo Monagas, Maturín). Esta pieza, que se erige verticalmente como un gran obelisco metálico, fue diseñada para transformar el espacio urbano. Su movilidad es puramente cinética, perceptual: el metal y el color generan sensaciones dinámicas gracias al reflejo de la luz y al propio desplazamiento de los transeúntes y vehículos. Se trata de una obra abstracta que, por su forma y localización, conecta directamente con la memoria personal del artista y de su región. Así lo relata su creador:
«Esa escultura está en Maturín, la hice de treinta metros de altura. Eso fue en el 2003. Ya tiene unos cuantos años. Y, bueno, me inspiré en una torre de petróleo cuando yo era niño. De allí empecé a ver cuándo comenzaron a instalar las torres petroleras alrededor de mi pueblo, Caripito, y ese petróleo salía después por el río San Juan, que pasa por Caripito, un río que trabaja con mareas. Y por allí hicieron el puerto para sacar el petróleo desde Caripito para el mundo.»
Así, una composición de formas puras y abstractas se carga de memoria histórica y testimonial. El movimiento del espectador activa su condición cinética al revelar la vibración de sus elementos.
Esta escultura es solo una de sus tantas intervenciones urbanas. En otras propuestas, como sus murales en calles y parques, el espectador deja de ser un mero observador para convertirse en partícipe, pues Juvenal involucra a las comunidades en el proceso de ejecución de una de estas obras según sus directrices. Con esta práctica colaborativa ha movilizado a vecinos no solo en Caripito, también en Caracas, en Maracay, y asimismo en ciudades como París, Ruán o Dubái. Juvenal Ravelo siempre sorprende por su titánica capacidad de producción y creación.
