El año rilke. vísperas de un poeta

 


 

 

Por Rafael Castillo Zapata.

Rainer María Rilke, el poeta checo que escribió la mayor parte de su obra, como Kafka, en alemán y es, en consecuencia, una cumbre de la poesía moderna en el idioma de Goethe, nació un 4 de diciembre de 1875 en Praga. Casi al finalizar el año 1926, el 29 de otro diciembre, muere en Valmont, Suiza, solo, como solo había vivido, aún en medio de las más apasionadas y poderosas compañías, dejando tras de sí una herencia literaria de dimensiones colosales, en cuyo conjunto sobresalen, sin ninguna duda, piezas fundamentales de la literatura occidental como las Elegías de Duino y los Sonetos a Orfeo, amén de un sustantivo legado de relatos, ensayos, diarios y cartas. Entre el vasto cúmulo de estas últimas, destacan las Cartas a un joven poeta y las Cartas sobre Cézanne, publicadas aparte, como libros independientes. Los Apuntes de Malte Laurids Brigge, escrito durante su larga estancia en París, entre 1902 y 1910, constituye uno de los libros autobiográficos más complejos y singulares del siglo XX, junto a textos de la talla de las Tribulaciones del joven Törless, de Musil, o del Retrato del artista adolescente, de Joyce.

A lo largo del presente año que comienza, dedicaremos a la vida de Rilke y sus trabajos una serie de micros en los cuales abordaremos diferentes aspectos de su biografía y de su bibliografía, tomando como centro de irradiación a la ciudad de París, escenario donde, en medio de no pocas privaciones y tensiones anímicas -éticas y estéticas-, maduró su compleja personalidad de hombre y de poeta y le dio forma definitiva a su estilo literario. Con ello esperamos contribuir a la conmemoración del centenario de su muerte, de modo que, para nosotros, en este escenario, el año 2026 será, sin más, el año Rilke.

Uno de nuestros poetas mayores, Rafael Cadenas, publicó en 2024, un hermoso breviario de variaciones sobre Rilke, a cuya sombra queremos cobijarnos para comenzar esta serie que, a su modo, quiere ser también un homenaje al maestro que, en la Escuela de Letras, me mostró por primera vez la vasta y exigente andadura poética de un autor que, antes de asistir a sus clases, yo desconocía y que, desde entonces, constituye para mí una referencia constante como paradigma capital de lo que significa ser poeta -es decir, entregarse en cuerpo y alma a la poesía, para morir con ella y en ella- y de lo que significa ese difícil y misterioso oficio en el que el poeta nuestro y el poeta checo coinciden de manera tan extraordinaria y aleccionadora.

Este micro es, pues, una promesa de micros: vísperas de un goce de lecturas que espero no defraudar, mes a mes, a lo largo de este año auspicioso, lleno de desafiantes y comprometedores augurios.

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